Se viene el tiritón, se viene el tiritón y se vino,
vino tinto, tinto el ojo del vecino, en el ojo del huracán, cuando un flaite se le tira y tira, tira y afloja y tiros al aire, de aire comprimido, en el aire enrarecido de los pechos oprimidos de la gente acongojada, mojada, cansada, pero sin nada nada de agua.... menos mal que me vine.
Y la cosa se tenía que acabar, sentí que la mugre de mis pies quedó escurriendo por mi pelo y que mi cuello pasó de pringado a piñiñento, por culpa del polvo que traía pegado en la frente, del vientecito ese que entra por la escotilla del techo del bus, que abrió el joven que iba al lado mío, un poco más hediondo que yo, pero igual de afortunado de haber podido llegar a Collao y encontrar un bus que se viniera a LosÁngeles a pocos días de haber ocurrido el sacudón más feo de todos y que a todos les afectó parejito, a la gente buena, a la gente más o menos, a la gente penca y a la escoria animal de gente que se quedó asaltando hasta las municipalidades y consultorios en la gran Concepción.
Tengo pena, pero tengo también agua, luz, gas, internet... así que no me voy a dar el derecho de andar tristona por la vida.
Bañarse en tina es horrible, pero también es hacerse chiquitita y ser feliz otra vez, sumergida en agua café con tarros de shampoo flotando… pienso que ahora iré rescatando eso y me volveré sonrisas en medio de la cochinada social más grande que he visto.
...pero en tina, nunca más.
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